Casinos y Furcias

Bender rezando

Obras de programación perdidas en el ciberespacio

<DirectorDeGrupo> ¿Quién va a hablar a continuación? </DirectorDeGrupo>

Hola, me llamo Gonzalo y soy un adicto.

<Grupo> Hola Gonzalo </Grupo>

Todo comenzó en C con unos amigos. Picamos un hola mundo, y nos pareció muy divertido. Probamos arrays, e incluso punteros. El tiempo se me pasó muy rápido, y mientras volvía a casa tan sólo pensaba en cuanto había disfrutado, aunque no era consciente de cuanto cambiaría mi vida ese primer paso en clandestinidad.

Pensaba que podía controlarlo, que estaba por encima de ello, por lo que después se sucedieron pequeños scripts de automatización cada cierto tiempo. Generalmente las tardes de los sábados. Al principio no eran todas las semanas, pero con el tiempo sí. Los sábados se convirtieron en domingos, y luego en viernes, que a su vez se convirtieron en jueves, y así sucesivamente. Los lunes no se convirtieron en nada, ya eran así antes, pero comencé a teclear también esos días. Creo que realmente no sé exactamente cuándo perdí el control.

Pronto mi madre se enteró, cuando encontró un repositorio de Git en una de mis carpetas. Preocupada por mi futuro y mi salud, me obligaba a salir de casa para evitar que cayera en mi adicción, aunque sus intentos fueron en vano, ya que en aquella época había cibers allá donde hoy se aglutinan las tiendas de cigarrillos electrónicos y “compro oro”.

Con el tiempo salté a nuevos lenguajes más duros, y le comencé a dar realmente fuerte. Dejé de estudiar, de hacer deporte, de salir de fiesta con mis amigos, y de ver a mi familia. En lugar de todo eso, me pasaba el día con el teclado. Me sentía sólo, y parecía que mi adicción llenaba todos los vacíos que dejaba lo que había perdido.

Un día me desperté sobre un teclado que no era mío. Me miré en la webcam, y observé que tenía las teclas ASDF marcadas en la mejilla. Mi mano derecha se encontraba sobre las teclas F8-F10, como si hubiera tratado de depurar algo. Entonces miré alrededor y la vi, en una esquina del escritorio. Una aplicación que nunca había visto. Parecía joven, apenas una veintena de clases. Traté de compilarla, pero no dejada de lanzar excepciones. Estaba totalmente muerta. Sentí un miedo terrorífico, y traté de limpiar todo rastro de mis librerías del ordenador antes de marchar, pero ya era tarde. El código había sido publicado en el repositorio central de Maven.

Consciente de que estaba perdido, me entregué a las autoridades. Un administrador de sistemas me tomó declaración, y terminé sentenciado a 900 horas de documentación, que me ayudaron a superar mi adicción.

Aún siento una enorme tentación de recaer en un bucle infinito, aunque confío en que cargar en memoria las nefastas consecuencias de mis actos y desahogarme ante vosotros como mi buffer de salida predeterminado me ayude a superar cada instrucción que pase por mi pensamiento.

<DirectorDeGrupo> Gracias, Gonzalo. </DirectorDeGrupo>

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